A raíz de los cambios que se dan a finales del
siglo XIX se genera la nueva visión del XX en la que influyen aspectos como
la nueva concepción de ciudad y de vivienda. Cuando William Le Baron Jenney
levanta el primer edificio considerado como rascacielos en Chicago, el Home
Insurance Building se comienzan a gestar enfoques muy distintos del entorno,
pues permitía poder observar la ciudad desde una vista aérea, logro que
provocará un disparado avance en la estructura de la ciudad, y un cambio en la
mentalidad. Me pareció muy interesante esta teoría y recordé una experiencia
propia que se podría relacionar con estas ideas. Cuando tenía quince años,
comencé a interesarme por el graffiti, y lo primero que tuve que aprender fue a
desacostumbrarme de la distancia a la que normalmente dibujamos o escribimos. Y
durante los dos primeros años de aprendizaje y de experiencia, fue lo que más
me costó pues no sólo mantienes esa distancia al dibujar, si no también para la
lectura o la escritura.
Creo que en la cultura occidental, la “mirada concreta” ocupa un lugar muy
amplio en nuestra consciencia, otorgándole demasiada importancia a lo que
nuestros ojos son capaces de captar. El cerebro está constituido (de una manera
consciente, puesto que lo hemos educado) para captar lo que vemos y determinar
“la cosa” como tal, ajena al contexto, incluso hemos educado al resto de los
sentidos para que sirvan de apoyo a la vista y la soporte en su reconocimiento
de las cosas.
Bajo mi punto de vista, este hecho se relaciona de una manera inconsciente con
los juicios de valores, es decir, a raíz de que determinamos lo que nos rodea
como algo concreto y definitivo tenemos la capacidad para dictaminar que eso es
así y no existen otras formas de representación del mismo objeto.
Como resultado de esta dotación, mezcla de lo humano y de lo adiestrado,
vivimos en una sociedad en la que parece ser de máxima prioridad dar respuestas
a todo.
Un ejercicio que sería casi un deber en la época en la que vivimos, es hacer un
esfuerzo por acostumbrar a la mente a observar y no tan sólo a ver.
Un ejemplo de este fallo, sería la forma en la que el espectador medio se sitúa
delante de una obra en una galería. Pienso que, como decía Arthur Danto, para
ir a ver arte no puede uno entrar, ver y salir. Hay que reflexionar sobre lo
que nos quiere decir y transmitir el artista y hay que dedicarle tiempo.
Parece ser de menor importancia el comportamiento de nuestra vista, pero creo
que es absolutamente condicionante en nuestra cultura y nos conduce a una
ignorancia y a una falta de libertad, y creo que una buena solución sería
educar teniendo siempre muy en cuenta el contexto en el que se presentan las
cosas, y no sólo esas “cosas” en sí. Es importante que de vez en cuando formulemos más cuestiones que respuestas.
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